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Antes un huevo valía un centavo pero valía un guevo ganarse un centavo.
Para los árabes, tirarle zapatos a un político (a la George Bush ll en Irac).
es el mayor insulto, ahora en P.R tirar huevos es la máxima expresión de disgusto político. Por lo menos al Vate para allá por los cincuenta los nacionalistas le tiraron balas calibre 45 y no lo insultaron tirándole huevos. No le pudieron tirar balas a Truman pero si a varios congresistas. A Aníbal le tiraron con un souffle Federal, pero como político esquivo, logró zafarse de ese huevo, aunque le costó la tortilla de la reelección. A Cuchín, el creador del huevo de la “Vampirita”, lo tiraron tan lejos que se fue a residir a España, que son los individuos que más huevos consumen en el mundo. A Sánchez Vilella le tiraron con la ley de adulterio por acostarse con su secretaria (hablando de zigotos) y esa indiscreción creo al huevo de pavo de su hijo como Secretario de Justicia. A Sila, le tocó el huevo podrido de haber creado esta crisis financiera, ella puso un enorme huevo económico que aún después de tantos años, todavía apesta a moscovito en lata. A Romero, le rompieron el huevo del ojo, por parte de un gusano huevero y la corte le viró la tortilla al cubiche. A Roselló nunca le han podido probar que se robara huevo alguno y puso un huevo al anunciar que todavía está interesado en el nidito de la Fortaleza. Propongo que al político que cometa la más incredible de las estupideces se le conceda El Huevo de Oro,. El Gobe Fortuño está bien distanciado de sus competidores en esta categoría. Y si los huevos se ponen tan caros que no es viable tirarlos, todavía quedan los zapatos de la Gloria y Wal-Mart para cometer el mismo acto de desobediencia civil.
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