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25 años del 'Obituario puertorriqueño'
Se cumple un cuarto de siglo de la publicación del Obituario puertorriqueño, obra fundamental de la poesía moderna y posmoderna de Borinquen. Su autor es Pedro Pietri, reconocido poeta del café-teatro de Nueva York. Si se buscan los rasgos principales de la poesía moderna de Puerto Rico, es claro que estos aparecen con mayor presencia en la música; así, habría que desglosar las canciones de Silvia Rexach, de Tite Curet Alonso, de Andrés Jiménez, o de “El topo”, el autor de “Verde luz”, melodía aceptada como otro himno de la isla caribeña. Más, por fuera del lenguaje de la música, es el verso libre del poeta Pedro Pietri, el que funda, en Nueva York, la vertiente poética moderna y posmoderna de Borinquen, pues está escrita, además, en “spanglish”. La obra fundamental de Pietri, “Obituario puertorriqueño”, vio la luz hace 25 años en Barcelona, y desde entonces se mantiene como texto capital de la cultura “newyorriqueña”. Tenido como uno de los poetas más originales del exilio caribeño en los Estados Unidos, Pedro Pietri tiene hoy menos nombradía que Luis Rafael Sánchez, Rodríguez Juliá o Rosario Ferré, pero tiene el reconocimiento de la intelectualidad neoyorkina y la bohemia “progre” del Lower East Side de Manhattan. La literatura puertorriqueña tuvo su momento fundacional en 1849 con la publicación de la obra “El Gibaro” de Manuel A. Alonso, selección de crónicas sobre la isla, curiosamente editada, también, en Barcelona. En ella, Alonso da a conocer de manera directa y pintoresca, la vida colonial en San Juan y las provincias. Etimológicamente “Gíbaro”, proviene de “Xibaro”, voz con la cual los marineros españoles distinguían a los nativos, o “gente de monte” en Colombia y Venezuela. Un puertorriqueño, en la obra de Alonso, pide permiso para hablar, en su propia tierra: “Señor, yo soy de Puerto Rico, y siquiera por deferencia a mi paisano, el amo de la casa, se me debe permitir que hable…” El poeta Pedro Pietri, nacido en Ponce en 1944, gritó, desde su “Obituario”, 127 años después, no sólo los lastres del pasado, sino los acentos coloniales del presente, en una alegre y desbocada y crítica fusión de español e inglés. Aquí, trae a cuento esa forma despectiva, “Spic”, que se empleó para denominar a los hispanos en algunas ciudades de los Estados Unidos: “Spic coge la escoba y barre el sitio hasta que lo pongas más limpio que los cielos/ spic coge el mapo (trapeador) y bautiza el piso con agua y jabón/ spic, saca la lengua, quiero enviar una carta…” Pietri ofrece recitales, a menudo, en el “Newyorrican poets Café”, del sector de Manhattan conocido como “Loisaida” (Lower East Side). Ahí, suelta poemas como este: “Mi abuela ha pasado los últimos 25 años en esta tienda por departamentos llamada América. Tiene ochenta y cinco años y no sabe ni una palabra de inglés. Eso es inteligencia…” Su poesía habla al oído de los obreros inmigrantes de Nueva York: “Murió esperando que el supervisor estirara la pata/ para que lo ascendieran a ese puesto/ Es un largo viaje desde El Barrio/ al cementerio de Long Island, donde fueron enterrados, primero el tren y luego la guagua/ y los fiambres del almuerzo/ y las flores que serán robadas cuando terminen las horas de visita/ cuestan caras/ cuestan caras/ Pero ellos entienden/ sus padres entendieron/ es un largo viaje sin ganancias/ del Barrio al cementerio de Long Island…” En mi Viejo San Juan, subió el precio del pan Pietri sale a leer con una maleta que parece rescatada del Titanic, estampada con un crucifijo, debajo del cual se lee “Reverendo Pedro Pietri”, como si fuera el ángel de alguna nueva iglesia renovadora. Camina lento sobre sus botas de 14 quilos, las cuales hablan de una veteranía en Vietnam o de un amanecer sin esperanzas en las esquinas del Bronx. A veces lleva a cuestas una cruz, y se hace acompañar de un coro, para su versión de “En mi Viejo San Juan”, en “spanglish”: “In my viejo San Juan they raise the praise of pan/ so I fly to Manhattan/ it was there that I swear/ everyone took welfare/ especially the latins!/ To El Barrio I went/ in pursuit of low rent/ in a five room apartment/ where my neighbors will be/ Puerto Ricans like me/ dressed in tropical garments…” Aunque el “Obituario Puertorriqueño” había sido publicado en 1973 por Monthly Review Press de Nueva York, en aquella edición la obra apareció incompleta y “corregida” o alterada en los momentos en que el autor quería hacer fusión en dos idiomas. El poeta ha incursionado también en el teatro y el cine, y defiende la opción estética del “café-teatro” donde da a conocer poemas-carteles, ilustrados con sus propios dibujos. |
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