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La Razón Primordial Para Ser Estadista!
Los $1,495,000,000 anuales para 1,054,872 dependientes colonizados
Por: Juan M. García Passalacqua Analista político/El Vocero/21 septiembre 2006 Usted se debe estar preguntando, como yo, por qué no podemos salir del hoyo colonial. Y les voy a explicar ese porqué en esta columna. Usted se debe estar preguntando también, como yo, cómo hemos llegado al asesinato de niños, la monstruosidad mayor. Quiero explicarles que ambas cosas tienen una misma razón. La razón para las dos tragedias es que más de un millón de los seres que vivimos en esta isla dependen de más de $1 billón (un millón de millones de dólares) regalados para su sustento. ¿Cómo se dio esta tragedia? ¿Cómo salimos de ella? Estas preguntas terribles vinieron a mi mente el 25 de agosto, cuando los titulares en nuestra prensa informaron que había muerto asesinado el bebé Jean Daniel Rolón Soto, que su propio padre había tirado contra el piso, el indicio de que hemos llegado al fondo del barril de pudrición moral. EL VOCERO indicó ese día que entre los estremecedores casos de violencia doméstica estaban la muerte de la niña Natalie Machín Rodríguez, de 5 años, por su padrastro, y otra igual la niña Tayscha Maldonado Pagán, de 2 años. Además de Jean Daniel, Natalie y Tayscha, este periódico reveló que en el 2005 hubo otros 608 casos de maltrato contra niños. El joven psicoanalista amigo Alfredo Carrasquillo explicó en una columna semanal que cuando hay un niño más, se traduce en más WIC, más vivienda subsidiada, y más ayudas gubernamentales. En fin, cuando los niños —cual objetos que tienen un valor de uso, pero no necesariamente el amor de sus padres— tienen meramente una función instrumental, esa realidad tiene terribles consecuencias humanas y sociales. Lo dicho. La historia del pueblo de Puerto Rico cambió el día que el senador liberal estadounidense George McGovern decidió extender a la colonia de Puerto Rico su programa de sellos de alimento, iniciativa que fue seguida por las del Programa WIC, la vivienda subsidiada, y múltiples mal llamadas "ayudas gubernamentales" para los que no se ganan el pan con el sudor de su frente. Nadie diseñó entonces ni existe ahora ningún programa efectivo para crear más empleos en Puerto Rico. En la más asquerosa ironía, aquí se bautizó el otro programa de dependencia colonial propuesto precisamente con las siglas graves – PAN. Recuerdo haber estado esa noche en el hogar de Sarah Ehrlman, la ayudante del senador George McGovern, iniciador del programa para favorecer la venta de los productores agrícolas de su estado. Le advertí a ellos que en el contexto de una colonia, extender los mantengos de la metrópoli a la colonia destruiría la fibra moral y la ética del trabajo del pueblo colonizado. Otro amigo allí presente explicó esa noche que la verdadera razón oculta era mantener la población de Puerto Rico domesticada y tranquila para que no objetasen la presencia de una docena de instalaciones militares en el suelo de esta isla. Aparte del militarista, los otros contertulios, liberales sin tacha, me recriminaron por la acusación y la advertencia. Y la amiga Sarah sencillamente me despidió fulminantemente de su apartamento, y la complací. Me fui. Pero desde aquel aciago día, no les quepa duda, era yo el que tenía la razón. Yo no objetaba ni objeto un esfuerzo por ayudar a los menesterosos. Hay quienes necesitan ser ayudados para sobrevivir, como en todos los países pobres del mundo. Pero la forma escogida por el senador liberal no era la adecuada para una colonia, porque el efecto neto en ese contexto es mental, es multiplicar el sentido de impotencia y dependencia que la colonia misma ya había producido en más de un millón de seres de los cuatro millones que somos. Ellos, y acá luego, cuando se dieron cuenta del disparate, se inventaron un llamado plan de "Ayuda y Trabajo" que sencillamente no ha funcionado aquí porque el desempleo es una realidad colonial, y si no hay trabajo ofrecible, el plan de combinar "ayuda con trabajo" es tan solo ridículo. En el 2006, esa cuestión moral se ha convertido —con niños asesinados— en horrenda. Titulares recientes hablan por sí sobre lo que la revista londinense The Economist bautizó muy certeramente como "La Isla de los Mantenidos". El 21 de agosto, uno de nuestros periódicos publicó las cifras. Hay 484,210 familias mantenidas, con 1,054,872 seres, más mujeres que hombres, casi la mitad de ellos entre los bebés hasta los 19 años. Pero ya no hay bases militares en Puerto Rico, así que titulares del 21 de agosto anunciaban que "Nuevas reglas requerirán que más recipientes encuentren actividades de trabajo". En agosto 22, uno de nuestros periódicos elevó a un editorial la demanda de "PAN sin impuestos" alegando que 484,210 familias que dependen del Programa de Asistencia Nutricional (PAN) "están en peligro". Al otro día otro de nuestros periódicos en otro editorial propuso en vez un "Programa de Créditos Contributivos por Ingreso de Trabajo para Familias Pobres", que se aplicaría aquí a 160,000 familias. En agosto 25, "Comisionado Residente se opone a impuesto sobre el consumo a las compras con los fondos del PAN". Ese mismo día, "Peligran el PAN y el WIC por la falta de liderato, dice Fortuño". En setiembre 9, "Puerto Rico se enfrenta a la reducción de los fondos de beneficio social". Pero aquí nuestros políticos se hacen los locos. En setiembre 16, "Nuevas fechas para los cheques del PAN, los alimentos no pagarán el impuesto sobre el consumo". En otras palabras, nuestros políticos quieren hacer más fácil que se pueda gastar el dinero regalado por otros. Nadie, más que Alfredo Carrasquillo y en esta columna yo, plantea la cuestión moral. La cuestión noticiosa es recibir el PAN, el PAN, el PAN. No es crear el trabajo. Ningún pueblo, ningún país de 4 millones de habitantes y 2 millones de votantes, va a favorecer terminar con la colonia si más de 1 millón de ellos recibe cada quince días un cheque de la metrópoli colonial. En síntesis, a los poderes que son estadounidenses que se chupen esa, en lo que los puertorriqueños le mondamos la otra. Ah, pero mientras hay PAN para un millón, el resto de la isla de Puerto Rico sencillamente se pudre moralmente. Ahí tienen la realidad hoy. |
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