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Cuarenta marinos fueron llevados en autobuses al Viejo San Juan a festejar el fin de su jornada de destrucción en Vieques. Allí dieron testimonio de que la tradición de exceso y vulgaridad de la Marina sigue viva. A falta de margaritas que deshojar se reunieron en un burdel. En un incidente con matices aún por aclarar se vieron envueltos en una trifulca y allí estaban "a few good men" (unos pocos de los buenos, como reza su publicidad de reclutamiento), la flor y nata de la defensa de los Estados Unidos, en horas de la madrugada, borrachos, incoherentes, sollozando la golpiza, unos en hombros de los otros y, para darle el toque especial, vomitando y orinando las calles sanjuaneras frente a las cámaras de televisión.
El incidente, ofensivo para los puertorriqueños, pero aún más vergonzoso para la Marina, no deja de tener un matiz alegórico. Los marinos habían salido a celebrar que una vez más la democracia -ese principio sagrado por el que están llamados a dar la vida- fue burlada. Se fueron de juerga para marcar el fin de otra sesión de atropellos a la voluntad de los viequenses que por abrumadora mayoría votaron por su salida inmediata de la Isla Nena. Brindaron para cerrar las maniobras que resultaron en el encarcelamiento de 30 hombres y mujeres dispuestos a ceder su libertad para testimoniar que queremos que se vayan. Festejaron la cobarde prepotencia con la que rociaron de gas pimienta a desobedientes civiles, periodistas y manifestantes. Y la fiesta terminó mal.
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![]() EL NACIONALISTA desde La Capital Confederada, Richmond, Virginia. "They that can give up essential liberty to obtain a little temporary safety deserve neither liberty nor safety." - Benjamin Franklin |
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