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Las calles son sus hogares....

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  • Las calles son sus hogares....

    Cobijados por la incertidumbre

    domingo, 14 de abril de 2002

    Por Cynthia López y Asunción Cantres


    Mientras la población deambulante aumenta, también varían las características de estas personas, hombres y mujeres, que deciden hacer de la calle su hogar. (J. Ismael Fernández Reyes / El Nuevo Día)


    "DUERMO SENTADO
    porque me siento vulnerable cuando me acuesto. Es difícil aprender a relajarse luego de haber estado preso. Es imposible", afirmó Bob, de 42 años, oriundo de Miami, quien decidió convertir las calles de Puerto Rico en su hogar.

    Bob (nombre ficticio para proteger su identidad), al igual que una decena de deambulantes, pernocta todas las noches en la Plaza de Armas del Viejo San Juan. En sus mejores tiempos, el hombre trabajaba como pescador. Este oficio, asegura, lo llevó a descubrir el mundo y a ganar hasta $50,000 anuales.

    Hace dos años llegó a la isla huyendo de las autoridades federales, quienes lo buscan por posesión de drogas. Esta es su segunda falta. Estuvo preso cinco años por comercio de drogas. Dice que estudió historia en la Florida Atlantic University; asegura que habla con relativa fluidez español, portugués y francés. En su tiempo libre visita la biblioteca pública y cuando tiene dinero va al cine Metro a ver una película. "No soy el típico deambulante", agregó colocando un encendedor sobre su única posesión: el libro de Tom Clancy, "Without Remorse" (Sin remordimiento).

    TIENE RAZON. El perfil de los deambulantes ha variado en los últimos dos años a juicio del doctor José Vargas Vidot, director ejecutivo de Iniciativa Comunitaria, una organización sin fines de lucro que trabaja con esa población. Explicó que en los lugares relacionados a los puntos de droga se congrega una población joven y en los puntos de transbordo, como terminales de carros públicos, el área de los muelles y aeropuertos, se arremolinan personas de otros pueblos o países. Mientras que en San Juan la población se compone en su mayoría de personas mayores.

    Aunque no se sabe a ciencia cierta el número de deambulantes que habitan en las calles de Puerto Rico, en 1998 la Oficina del Comisionado de Asuntos Municipales (OCAM) estimó la cifra en 3,191 personas distribuidas en los 78 municipios del país. Un año antes, la Coalición Pro Derechos de Personas Sin Hogar había estimado esta población en 28,794. El Municipio de San Juan estima que hay unos 6,000 deambulantes en su jurisdicción al presente. La socióloga Blanca Martínez entiende que no hay un perfil particular de los deambulantes, pero sostuvo que, de existir, sería uno "variado que se caracteriza por pluralidad, la heterogeneidad y la hibridez de los sectores".

    LA PROFESORA de la Universidad del Sagrado Corazón afirmó que en sus investigaciones se ha topado con deambulantes que eran ingenieros, arquitectos y profesores universitarios.

    La tesis "El deambulante y su realidad" (1999), de María Colón Díaz, Rose Marrero y Arlene Vargas, de la Escuela Graduada de Trabajo Social del Recinto de Río Piedras de la Universidad de Puerto Rico, coincide con las apreciaciones de Vargas Vidot y Martínez.

    "Antes se pensaba en el deambulante como una persona mayor, un viejito con problemas mentales. Ahora estamos viendo a gente joven. Hemos encontrado universitarios y jóvenes con problemas de drogas. El problema de adicción a drogas los ha llevado al deambulismo, pues se han quedado sin familia, sin apoyo… a esto se agrega el problema de salud mental", dijo la profesora Cynthia Parés, quien fue directora de tesis de las investigadoras.

    Las estudiantes obtuvieron su muestra en distintos puntos de Ponce, Mayagüez y en las plazas de otros pueblos. Encontraron que la mayoría de los participantes (90.5%) eran hombres; casi la mitad (44.2%) tenía 40 años de edad o menos y la edad promedio era 36 años.

    OTRO ESTUDIO, realizado el año pasado por la firma de consultores Estudios Técnicos, Inc., titulado "Perfil de las personas sin hogar y el impacto de la reforma de salud sobre esta población en el Municipio de San Juan", revela que la población es heterogénea.

    Esta se concentra "entre las edades de 25 a 44 años, mayoritariamente de hombres (8 de cada 10) y con una educación cuya mediana es de décimo a duodécimo grado", según el estudio. Agrega que un 27% tiene un nivel de escolaridad sobre el nivel secundario.

    El tamaño de la muestra para este estudio fue de 150 personas sin hogar, lo cual supone algo más de 1/5 parte de las personas sin hogar que reciben diariamente servicios en los centros y organizaciones de la Coalición.

    La mayoría de los sujetos de la muestra eran puertorriqueños, pero se encontraron norteamericanos, dominicanos, mexicanos y otras nacionalidades. Según este estudio, en Puerto Rico hay evidencia de una población en alto riesgo de convertirse en deambulante. "La misma podría deberse a la carencia de proyectos de vivienda asequibles o de precios bajos, pobre iniciativa del individuo a una rehabilitación y reeducación, a las altas expectativas impuestas a un empleado en el ambiente laboral, las pocas oportunidades de empleo para los que han sido convictos y la falta de accesibilidad a recursos económicos y los servicios privatizados como los de salud. Es una población que requiere de unos servicios de prevención que reduzca la incidencia a deambular", concluye el informe.

    PILAR BERNARD, otro rostro permanente en la Plaza de Armas, también sufre problemas de adicción a drogas. "San Juan es el sitio de los locos", sostiene entre risas. "Estoy deambulando desde que perdí a mi mamá, mi papá y mi esposo", agrega Pilar mientras una lágrima comienza a recorrer su rostro. Según explicó vivía en Patterson, Nueva Jersey, donde trabajaba en una fábrica. Pero tuvo que regresar a la isla para cuidar a su mamá.

    "Es difícil, lo mío es heroína y cocaína, pero estoy loca por rehabilitarme", dice hablando rápidamente. Lleva dos años en la calle. Tiene un hijo que no le habla porque está enojado con ella y sus dos hijas la procuran de vez en cuando, según la mujer. La costurera, de 49 años, es católica y va a la misa en la Catedral de San Juan todos los domingos. "Me gustaría entrar a un programa de metadona a ver si me quito", comenta mientras coloca una flor en el piso.
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